jueves, 19 de junio de 2008

Algunos hechos extraños en la vida de Eugenio Ionesco. Héctor D’Alessandro

Algunos hechos extraños en la vida de Eugenio Ionesco. Héctor D’Alessandro

Entre los libros que no se vuelen a reeditar y uno tiene muchas ganas de volver a leer está “El hombre cuestionado” de Eugene Ionesco.

Mientras no lo publican me entretengo recordando pasajes. Sobre todo aquel capítulo tan impactante titulado “Algunos hechos extraños que me han sucedido” y que arranca con la frase: “El primero, nacer”.

Pero luego sigue con una retahíla impresionante de hechos, de los cuales recuerdo los siguientes.

Ionesco, como todos saben, era rumano de nacimiento y emigró y triunfó en Francia y en lengua francesa. Su éxito fundamental es el estreno de “La cantante calva” de la cual dicho se de paso ví en París la función diez mil no se cuántos, dado que lleva sesenta años representándose en la misma sala de manera continuada.

Pues bien, Ionesco, antes de vivir en París vivía en Bucarest y como todo rumano tenía una novia, con la cual se casó y vivió feliz. Pues resulta que en un parque principal que hay en Bucarest había dos gigantescos álamos y cuando él era adolescente y paseaba allí con su novia, al ir a pasar delante de aquel par de álamos centenarios, oyeron un ruido estremecedor que los dejó de una pieza. Se quedaron quietos y vieron cómo, delante de sus narices se derrumbaba uno de los dos álamos.

Pasan cincuenta años y vuelven de visita a Rumania con un permiso especial del gobierno comunista. Pasean por los sitios de antaño, incluso por la zona y el camino de los álamos. Cuando van a pasar delante del álamo solitario que allí quedaba, recuerdan la anécdota, ríen y pasan. Cuando han pasado oyen otra vez el conocido ruido. Se giran y ven cómo el álamo cae al suelo con gran estrépito.

Cincuenta años. Ionesco comenta: un segundo antes y un segundo después.

Durante esa misma visita a Rumania, dice Ionesco que se alojaron en un hotel de un pequeño pueblo. Un día, su mujer estaba haciendo la siesta y él salió al balcón para no molestarla. Ella se despertó y le pidió por favor que entrara. Él pone un pie dentro de la habitación y el balcón se desploma.

Un segundo después.

Recuerda asimismo que una ocasión cuando era niño estaba jugando en la sala de su casa y de pronto, sin que mediara acción alguna de parte de nadie, un jarrón o un cuchillo para el pan, (no recuerdo con exactitud el objeto) regalo de su abuela materna, que se encontraba en medio de la mesa estalla en multitud de pequeños trozos. La madre de Ionesco, que se encontraba allí haciendo labor de ganchillo o algo así, se lleva las manos a la cara y exclama: “¡Algo le ha sucedido a mamá!”

A continuación suena el teléfono y comunican que la abuela de Ionesco ha muerto.

Una vez, Ionesco se despierta y ha tenido una pesadilla. Soñaba que su madre se incendiaba y que él buscaba en vano por todos lados un balde con agua para apagarla y no lo encontraba, de resultas de lo cual la madre moría incinerada. Una vez muerta, Ionesco, en la pesadilla, se daba cuenta de que allí a su lado había un cubo lleno de agua al alcance de su mano y no lo había visto. Ese día, por la tarde, le comunican a Ionesco que su madre tiene unas intensas fiebres. Es domingo y es un país comunista. No aparece un médico por ningún sitio. Buscan y buscan, en localizaciones cercanas, en todas partes, nada. La madre muere. Luego de su muerte, todos en la familia cobran conciencia de su torpeza, pues enfrente a unos pocos metros vivía un medico y estaba en casa, y nadie se había acordado de él.

Para terminar, durante la guerra mundial, cuando los aliados intentaban avanzar hacia París desde el Mediterráneo, Ionesco se encontraba en Marsella. Las ofensivas de los yanquis desde el puerto y las contraofensivas de los nazis desde el norte de la ciudad se sucedían durante las veinticuatro horas. Por la noche había que sellar ventanas o directamente no encender luces para evitar balas perdidas o balas intencionadas desde el puerto de parte de los yanquis, en el lado que vivía Ionesco y su mujer y del campo contrario en la parte trasera del edificio.

Una noche Ionesco está charlando con otro escritor exiliado rumano en la sala de estar, preside dicha sala el retrato del poeta Paul Goma, el compatriota más admirado de todos ellos. La mujer de Ionesco los llama a cenar desde la cocina. Ellos charlando se dirigen hacia allí. Nada más atravesar el umbral de la cocina se puede oír cómo la metralla destroza los ventanales y un sinfín de objetos de la sala de estar.

Cuando logran recomponerse y comienzan a ordenar las cosas, ven cómo el retrato del poeta Paul Goma yace en el suelo, el vidrio destrozado y el rostro del poeta con un balazo en la sien derecha. Eran las cinco de la mañana, la misma hora a la que el poeta Paul Goma en París se suicidaba descerrajándose un balazo en la misma sien derecha de su retrato.

Hasta mañana.

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