viernes, 23 de septiembre de 2011

Las 18 horas 31 minutos. Héctor D'Alessandro

Hace años me enamoré de una compañera en un curso y ella estaba agobiada de ver mi cara de cordero apaleado y mis intentos, no quería nada conmigo y yo no quería verlo. Una noche empecé a soñar que teníamos hijos, parimos hijos durante 16 noches, y cuando los bebes nacían yo le decía en sueños: "mira amir, mira: son las 18 horas y 31 minutos" y le señalaba un reloj digital que había en la pared de la maternidad del sueño. Una mañana me llamó una antigua novia, habían pasado veinte años sin vernos. y me dijo que quería decirme algo, y ese algo era que ella había estado embarazada de mi y había abortado sin decírmelo nunca. Según su terapeuta, debía decírmelo porque de otro modo estaría bloqueando mi potencial paternidad. Después de ese suceso, empecé a conocer mujeres que sólo querían tener hijos conmigo.
Héctor D'Alessandro

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