domingo, 22 de enero de 2012

La profecía maya del buen vivir II. Héctor D'Alessandro


Los que viven con el alma guardada con candado por temor, creen asustar a los vivos con la muerte, creen y queiren a la muerte, y provocan un dolor que queda en las familias, queda incluso guardado en las plantas y en los cuencos con el agua.
Los que viven con el alma en su sonrisa no creen en la muerte ni se asustan ante ella, se hacen por el contrario sus amigos, porque aceptan a la Vida. Sólo van con la Justicia y paran a los desalmados incluso con el golpe que mas temen. Cuando llegó el tiempo del cambio en el continente del medio, donde se guardan los secretos del buen vivir, (sean custodiados con amor por siempre) los amantes de la muerte emboscaron en el corazón del continente a a cuarenta indios (esto pasó en Pando en Bolivia, en el tiempo en que la madre tierra devolvió la decision a sus hijos amados) un perro carnicerlo de nombre Leopoldo Fernandez emboscó a los nativos y los mandó matar, y acabó entre rejas, donde los amantes de la muerte no se soñaron. Luego, entonces, no conformes, mandaron llamar a los carniceros de Europa (estos eran amigos del presidente Aznar) asesinos despellejadores a cuchillo de niños, violadores sanguinarios de niñas, gente que no recuerda su bombre, los mandaron a matar a Santa Cruz, y la justicia los cegó de un golpe., sus cabezas fueron cosechadas. Ellos, plenos de soberbia, los amantes de la muerte nunca piensan que les pasará lo mismos que ellos hacen.
Cuando les pasa y con nombre de Justicia, corren como perros a esconderse bajo la mesa del banquete y a temblar y a lloriquear y a verse como víctimas.
El tiempo llegó, el más grande del continente central (custodio de la vida) murió diciendo: "¡Matarme, no importa, volveré y seré millones!
La Profecía del Buen Vivir avanza con Amor del Grande y mucho cariño de las viejas lindas prodigado con sus manos centenarias. Aunque el perro no lo quiera, el niño vendrá con su látigo y el Amor será inevitable.
Así dice la Profecía del Buen vivir, mientras los cantantes consechan melocotones.
La Profecía del Buen Vivir. Héctor D'Alessandro 

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